Las escuelas deben ser responsables de cada uno de sus estudiantes

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Las escuelas deben ser responsables de cada uno de sus estudiantes

Joseph Kosciw, director de investigaciones de GLSEN, organización norteamericana que trabaja para lograr escuelas incluyentes, comparte las iniciativas que más les han funcionado para garantizar espacios seguros para los estudiantes LGBT.

Por: Andrea Domínguez*

escuelas responsables

 

Los adolescentes caminan por los corredores de los colegios descubriendo su propia identidad en medio de una ebullición de hormonas y emociones. Ataques de acné van y vienen y, en el caso de los estudiantes que se identifican como lesbianas, gais, bisexuales o trans (LGBT) -o que se percibe que lo son- estas oleadas están muchas veces acompañadas de apodos despectivos, burlas y bullying.

Un sentido de inseguridad se instala en baños, corredores, salones de clase y en los smartphones que configuran ese otro mundo en el que los jóvenes habitan gran parte de su tiempo. Se supone que las escuelas deben regirse por el respeto, la valoración de la dignidad propia y ajena, sin discriminación por razón alguna. Pero la realidad es otra.

GLSEN, agrupación que nació por iniciativa de un grupo de profesores de Massachusetts (Estados Unidos) y que hoy reúne maestros, estudiantes, activistas, padres de familia y aliados de estudiantes LGBT en todo el país, trabaja desde 1990 en transformar los ambientes escolares inseguros para estudiantes LGBT.

GLSEN ha determinado estrategias exitosas para convertir ambientes escolares hostiles para la diversidad en espacios respetuosos y seguros para todos los estudiantes.

En esta entrevista desde Nueva York, Joseph Kosciw, director de investigaciones de GLSEN, comparte con Abiertamente las experiencias que pueden ser de utilidad para escuelas de América Latina.

Abiertamente: ¿Cómo construir más redes de apoyo para orientar a educadores y a padres de familia sobre el manejo del bullying hacia estudiantes LGBT?

J.K.: en los espacios escolares que existen para realizar actividades extracurriculares hemos promovido lo que llamamos “Gay – Straight Alliances” o alianzas entre estudiantes heterosexuales y LGBT para que entre unos y otros puedan concertar estrategias para mejorar la comunidad escolar. Pero aún en ausencia de estos espacios pueden crearse alianzas entre estudiantes LGBT y estudiantes heterosexuales para discutir cómo hacer de sus escuelas lugares más respetuosos de la diversidad.

A: ¿Cómo pueden aportar los educadores?

J.K.: hay que trabajar con los profesores, darles las herramientas y el conocimiento sobre el clima escolar para que ellos, a su vez, puedan apoyar a los estudiantes LGBT. Tal como lo concluyó la encuesta regional en América Latina que se realizó en 2016, los maestros juegan un papel muy importante en la calidad del ambiente escolar y tener al menos un profesor que se muestre dispuesto a apoyar a los estudiantes LGBT marca una gran diferencia en las experiencias de vida de estos jóvenes.

A: ¿Cómo se construyen estas alianzas entre estudiantes heterosexuales y LGBT y qué resultados han arrojado en el sistema educativo en Estados Unidos?

J.K.: la construcción de estas alianzas varía mucho y depende de los estudiantes y de las escuelas. Tenemos alianzas que funcionan apenas como grupos de apoyo. Es el caso de las escuelas ubicadas en áreas más conservadoras, en las que es más difícil hacer cambios para mejorar el ambiente escolar, pero estos grupos de apoyo son espacios seguros en los que los estudiantes LGBT pueden buscar apoyo frente a un caso de discriminación.

Otras alianzas, además de funcionar como grupos de apoyo, se reúnen con los directivos de la escuela, organizan encuentros de sensibilización con profesores o participan en foros para proponer mejores prácticas de protección a los estudiantes LGBT. Qué tan activa sea cada alianza depende del campo de maniobra que tengan en determinado lugar.

A: ¿Qué puede hacer un profesor que vive en un entorno apartado y conservador para construir ambientes escolares más seguros para los estudiantes LGBT?

J.K.: en lugares muy conservadores siempre es mejor hablar de respeto por la diversidad en general. Hay ambientes en los que a los profesores les va a resultar más fácil hablar de respeto por todas las personas sin distinción, en lugar de entrar en detalles para hablar de género, etnia, orientación sexual o identidad de género. Se trata, entonces, de empezar por fortalecer el respeto hacia cada una de las personas que conforman la comunidad educativa.

A: ¿Cómo aprovechar la legislación existente en convivencia escolar en la región para promover espacios más seguros para los estudiantes LGBT?

J.K.: en muchos lugares, las escuelas son muy sensibles a la opinión de los padres de familia, es decir, se preocupan mucho porque los padres vayan a criticar sus políticas. Quienes trabajamos por los derechos de los estudiantes LGBT debemos enfocarnos en los directivos de escuelas, en ayudarles a encontrar la forma en la que puedan hacer de su escuela un lugar incluyente para toda la comunidad educativa. La relación con los padres va a facilitarse cuando las directivas de las instituciones educativas les comuniquen a los padres que la legislación existente les exige a las escuelas promover la convivencia escolar y que ellos están siguiendo esos parámetros.

A: en el día a día, ¿cómo consolidar espacios escolares más seguros para estudiantes LGBT?

J.K.: pequeños actos pueden tener mucho impacto. Una opción es la implementación del The Safe Space Kit (kit espacio seguro), que nuestros colegas de Todo Mejora han implementado en Chile. Contiene información para profesores sobre qué es ser LGBT porque puede que no tengan mucho conocimiento y experiencia con el tema. Además, el kit trae unos adhesivos y afiches con anuncios como “Este es un espacio seguro”.

Un profesor puede simplemente poner un afiche en el salón o un adhesivo en su ropa o en su computador para enviar la señal al estudiante LGBT de que es seguro acercarse a él o a ella y que va a encontrar en esta persona a alguien receptivo en caso de tener alguna dificultad. Hay un gran cambio para la vida del estudiante que sabe que “ahí hay un profesor con quien podría hablar en caso de necesitarlo”.

A: en muchos países de América Latina, la educación sexual pone a algunos papás y escuelas a la defensiva. ¿Cómo ha sido la experiencia al respecto en Estados Unidos?

J.K.: en Estados Unidos el currículo es controlado localmente. Tenemos por tanto una gran variedad de currículos y esto implica un gran desafío porque hay desde estudiantes a los que no se les enseña nada sobre sexualidad hasta otros que tienen un programa de educación sexual muy completo, pasando por unos que reciben algo de información sobre salud reproductiva pero nada sobre diversidad sexual y de género.

Lo que nosotros hemos hecho es buscar el apoyo de profesionales de las ciencias de la salud para apoyar nuestras propuestas educativas. Por ejemplo, explicamos en las instituciones educativas: “esto es lo que dice la Asociación Médica Americana sobre determinado tema”, resaltando siempre que los contenidos que se transmiten a los estudiantes deben ser apropiados para cada edad. Si estos conceptos tienen un aval médico respetado, obtienen más apoyo.

Joseph Kosciw GLSEN
Joseph Kosciw, director de investigaciones de GLSEN. Foto: The National Lebian, Gay, Bisexual and Transgender Rights Association.

A: el bullying es más frecuente fuera de la vista de los adultos, ¿cómo garantizar que todos los espacios sean seguros?

J.K.: es cierto que los estudiantes experimentan más bullying cuando no hay profesores presentes, pero hay que hacer responsables a las escuelas del ambiente escolar en general. Las escuelas deben hacer cumplir los códigos de conducta y, en el caso de América latina, hay una gran cantidad de herramientas para lograrlo. Hay que hacer programas anti – bullying para que los estudiantes sepan qué es aceptable y qué no es aceptable hacer, cuáles son las consecuencias de intimidar o discriminar a otra personas y por qué no se debe hacer.

Pero en la medida de lo posible hay que ir un paso más allá y esto significa empezar a diferenciar el tipo de bullying: empezar a hablar de ser incluyentes pero no de una manera general sino frente a características específicas relacionadas con la identidad.

Aquí, por ejemplo, lo hemos hecho a partir de ser afroamericano, ser gay o ser musulmán. Los programas de prevención deben hablar específicamente a quien están protegiendo. En principio, se supone que todos están protegidos, pero poco a poco hay que entrar en detalles y decir en voz alta “estamos protegiendo a los estudiantes LGBT” o “a los estudiantes afroamericanos”, pues esto hace que empecemos a pensar sobre los comportamientos homofóbicos, transfóbicos y racistas.

A: ¿Cómo cambia la vivencia escolar de los alumnos LGBT cuando en la escuela se habla específicamente de bullying LGBT?

J.K.: cuando el acoso ocurre en los corredores o lejos de la vista de los adultos, los estudiantes que son víctima de acoso tienden a guardarlo para sí mismos, pues no quieren ser llamados “soplones” o sienten que nada va a pasar si denuncian. Entonces, los estudiantes que les hacen bullying a otros necesitan saber que hay consecuencias, que su comportamiento no es tolerado.

Por su parte, los estudiantes que padecen acoso deben tener certeza de que hay una instancia a la que pueden recurrir y que el maltrato no va a quedar impune. Algunos padres pueden ser garantes de los derechos de sus hijos frente a un episodio de bullying pero si el joven aún no ha hablado con sus padres sobre su orientación sexual o su identidad de género, no contará con ese apoyo y es importante que la escuela esté en capacidad de intervenir en situaciones de acoso escolar.

A: entre todas las estrategias implementadas por GLSEN para mejorar el ambiente escolar para estudiantes LGBT, ¿cuáles son las más valiosas?

J.K.: cuatro aspectos marcan la gran diferencia en el ambiente escolar, para todos los estudiantes, pero especialmente para aquellos LGBT. El primero, las alianzas entre estudiantes heterosexuales y LGBT. El segundo, la presencia de educadores que ofrezcan apoyo a estudiantes LGBT. Después, la existencia de políticas incluyentes en temas de orientación sexual e identidad de género ya que esto provee información importante para profesores y alumnos. Y por último, currículos incluyentes que aborden la diversidad sexual y de género.

A: ¿Puede darnos un ejemplo de currículos que incluyan la diversidad sexual y de género?

J.K.: si un estudiante está en clase y el profesor habla de un autor o de una figura histórica y al reseñar su biografía se menciona que es una persona LGBT, sin ninguna carga valorativa, esto tiene un efecto muy positivo pues trae al aula un sentimiento de inclusión y de respeto, no sólo para los estudiantes LGBT sino para todos pues los hace respetuosos de la diversidad.

A: ¿La llamada “ideología de género” encuentra la misma difusión en Estados Unidos que en América Latina?

J.K.: hay mucho temor frente a este concepto. En el fondo existe un miedo a desafiar los conceptos tradicionales sobre “masculinidad” y “feminidad”. Pasa algo similar a lo que ocurre con la educación sexual: la gente cree que si se imparte una educación sexual de calidad, los jóvenes van a tener una vida sexual más activa. El hecho es que con o sin educación sexual, ellos van a tener una vida sexual activa, la diferencia es que unos lo harán con información y otros sin información. Ahora, si no se les habla a los estudiantes de qué es la expresión de género y si no se les dice que existen diferentes identidades de género ¿van a acabarse los estudiantes trans? Por supuesto que no.

A: ¿Cómo abordar la diversidad sexual y de género en las instituciones educativas?

J.K.: una de las herramientas más importantes es el concepto de convivencia escolar. Se trata de abrazar el hecho de que la gente es diferente, diversa. Una vía muy útil es de manera online. Hay que hacer campañas en medios que muestren gente diferente y experiencias de vida trans. No se habla de esto en los medios porque es “secreto”, pero hay que darle visibilidad. Los colegios deben ser responsabilizados por cada uno de sus estudiantes y porque cada uno desarrolle este espíritu de convivencia, ese es parte de su trabajo como institución educativa.

A: GLSEN ha liderado iniciativas estudiantiles como “el día del silencio” o las semanas de las alianzas entre estudiantes heterosexuales y LGBT, ¿cómo han mejorado estas prácticas la vida de los estudiantes?

J.K.: “El día del silencio” empezó como una acción de los estudiantes para protestar contra las experiencias negativas que los alumnos LGBT habían tenido en las escuelas y para despertar conciencia sobre el silencio que ellos experimentan. Esta jornada aún trae visibilidad sobre el tema y creo que es una ocasión para que los estudiantes puedan trabajar juntos y promover conciencia sobre este problema en la escuela y en cualquier espacio en general.

“La semana de los aliados” tiene lugar en octubre y en ella los estudiantes muestran estrategias para lograr mejores ambientes escolares. Puede ser que un joven heterosexual no tenga ningún problema con el tema, pero su amigo gay está siendo discriminado. O puede ser que una estudiante lesbiana no enfrente ningún desafío pero su amiga negra sí está sufriendo racismo. Se trata de decir: “no me quedo al margen de una situación sólo porque no me afecta a mí, sino que yo también puedo y debo hacer algo frente a la discriminación”.

* Periodista

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