Educación: los papás deben saber qué es realmente la educación sexual

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Educación: los papás deben saber qué es realmente la educación sexual

Algunos papás y mamás están en contra de que en las escuelas se enseñe una educación para la sexualidad de calidad. Christophe Cornu, de Unesco, comparte algunas recomendaciones para abordar con papás y directivas de escuelas la importancia de esta formación.

educación sexual en la escuela
Imagen: FoxyImage.

Algunos padres de familia, directivas de escuelas y líderes religiosos se oponen a que en las instituciones educativas se imparta una educación para la sexualidad integral y de calidad. En muchos casos consideran que esa formación debe venir de la casa y que si los papás están en contra de la diversidad sexual y de género, sus hijos no deberían aprender al respecto.

Además de emprender la tarea de explicarles a estos padres de familia, directivas de escuelas, líderes religiosos y, en general, a cada uno de los actores de la comunidad educativa, de manera clara y sencilla, de qué se trata realmente la educación para la sexualidad y cómo se benefician de esta formación niños, niñas y adolescentes, también es importante aclarar las falsas creencias y prejuicios que existen sobre la diversidad sexual y de género.

Para conocer con más detenimiento cómo enfrentar la resistencia de algunos papás, mamás, directivas de colegios y líderes religiosos a una educación para la sexualidad de calidad, Abiertamente habló con Christophe Cornu, Team leader section of Health and Education, Division for Peace and Sustainable Development de Unesco (coordinador de equipo en la Sección de salud y educación en la División de la educación para la paz y el desarrollo sostenible de Unesco).

Abiertamente: ¿cómo enfrentar la oposición de algunos papás, mamás, directivas de escuelas y líderes religiosos a una educación para la sexualidad de calidad, que afirman que enseñar sobre diversidad sexual y de género es imponer una “ideología de género” u “homosexualizar a los menores”?

Christophe Cornu: una de las razones de la resistencia de algunos sectores a que los menores reciban una educación para la sexualidad integral y de calidad es debido a que muchas veces no entienden qué implica en realidad esta formación. En ocasiones creen que es hablar de sexo. Así que un primer paso es explicarles a los diferentes actores de la comunidad educativa, de la manera más precisa y sencilla posible y de la mano de las asociaciones de padres de familia y de expertos en el tema, de qué se trata realmente esta educación. Por ejemplo, de cómo prevenir la violencia sexual. Lo ideal es que el Ministerio de Educación de cada país se involucre en esta tarea pedagógica.

También es cierto que, en ocasiones, a pesar de explicarles una y otra vez a esos papás y mamás qué es la educación para la sexualidad, algunos se resisten a su implementación porque tienen de por medio una postura política e ideológica que les impide entender su pertinencia. Pero la formación puede empezar por quienes no tienen este sesgo, que son muchos.

A la hora de abordar la importancia de incluir en la formación para la sexualidad temas como la orientación sexual, la expresión y la identidad de género, es aconsejable empezar por los estereotipos que existen al respecto. Es efectivo cuando se ponen sobre la mesa. La mayoría de personas concluye que claramente una niña puede ser ingeniera y que no tiene que usar ropa rosada si no le gusta y que un niño, por ejemplo, puede ser bailarín.

A: algunos papás, mamás, directivas de colegios y líderes religiosos suelen oponerse a una educación para la sexualidad que contemple la diversidad sexual y de género con el argumento de que son imposiciones estatales o presiones internacionales que atentan contra la “autonomía institucional” y el “derecho de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos”. ¿Qué decir al respecto?

C.C.: las organizaciones internacionales que apoyan la educación proponen opciones y cada país elige -si así lo considera- la que le parece más adecuada. No imponen nada. Con base en la evidencia científica y en los datos sobre el impacto de la educación para la sexualidad, buscan disminuir las cifras de enfermedades de transmisión sexual y de VIH y las de violencia contra menores. Y la educación para la sexualidad es determinante para lograrlo.

Cuando a los padres de familia se les pregunta a través de encuestas, si están de acuerdo con que a sus hijos se les imparta en las escuelas una educación para la sexualidad, la mayoría responde “sí”. Reconocen que muchas veces ellos carecen de los conocimientos para abordar estos temas de manera precisa. Tienen claro que la escuela es determinante al respecto. Entonces, una opción es implementar estas encuestas de manera sistemática para conocer con más detenimiento la opinión de papás y mamás.

Muchas veces para oponerse a esta educación unas personas dicen asumir la vocería por “todos los papás” cuando en realidad solo hablan por unos pocos.

En ocasiones, estos supuestos voceros son muy visibles en redes sociales y en medios de comunicación y cuando algunos políticos los identifican, se alinean con sus propuestas pensando en que les sumarán votos. Pero estas encuestas les revelarán a las instituciones educativas y a las organizaciones de la sociedad civil un panorama más certero de cuál es realmente la posición de los padres de familia sobre la educación para la sexualidad. Son, también, una manera de mostrarles a los políticos los resultados de encuestas científicas que evidencian algo muy distinto de lo que creen y que si las respaldan no perderán votos. Todo lo contrario.

A: muchas escuelas se toman en serio el acoso escolar por raza, religión, características físicas y clase socioeconómica, entre otros, pero existe resistencia cuando deben especificar que rechazan la violencia por motivos de orientación sexual e identidad y expresión de género. ¿Cómo manejar esto con directivas y profesores?

Christophe Cornu Unescro educacion
Christophe Cornu, UNESCO. Foto: Archivo personal.

C.C.: cuando no se menciona que se prohíbe la discriminación y los actos de violencia por causa de la orientación sexual, la identidad y la expresión de género junto con raza y condición socioeconómica, entre otros, el tema queda invisible. Si se evita ponerlo por escrito porque hay resistencia a utilizar expresiones como “orientación sexual” o “expresión de género”, puede optarse por señalar que se rechaza la discriminación y la violencia contra niños, niñas y adolescentes que no se ajustan a las normas de género socialmente difundidas (“niños afeminados” y “niñas masculinas”).

Estas frases pueden ser menos precisas que otras, pero la gente las entiende y acepta más fácil. Desde una perspectiva científica, es mejor que los ministerios de educación a utilicen los términos más apropiados como orientación sexual, identidad y expresión de género, pero si hay resistencia a hacerlo, puede acudirse a otras palabras que los actores de la comunidad educativa acepten con mayor facilidad.

A: ¿Cómo disminuir el bullying en las escuelas, especialmente el que tiene lugar por orientación sexual, identidad y expresión de género, uno de los más frecuentes y que más daños genera, pero de los más ocultos?

C.C.: lo más recomendable es que los países cuenten con políticas integrales para manejar y prevenir este bullying. También son fundamentales las acciones que pueden liderar las instituciones educativas, entre las que están la formación a los docentes y promover la participación de papás, mamás y estudiantes en la formulación de normativas al respecto. Finalmente, los estudiantes son quienes mejor conocen lo que pasa en su cotidianidad. El hecho de que estas normativas, reglamentos y políticas se elaboren de manera participativa permite que, en algún momento, un papá cuente, por ejemplo, que a su hijo le están diciendo “marica” y que no sabe qué hacer. Son discusiones muy relevantes en estos espacios.

Las acciones emprendidas por las instituciones educativas deberían ir más allá de elaborar protocolos para víctimas y victimarios de la intimidación sino incluir, también, un trabajo con los testigos. Ahora, si se realiza un mapeo de los lugares de la escuela donde normalmente ocurre el bullying, como los baños o el bus escolar, y se toman medidas al respecto, muy probablemente la intimidación escolar disminuirá. También, cuando hay incidentes con insultos como “maricón”, se debe promover que los profesores intervengan de manera inmediata, hablen con los estudiantes y al mismo tiempo dejen claro que ese tipo de señalamientos no se aceptan.

A: hay mucha incidencia para que los estados promulguen políticas y leyes para evitar el bullying LGBTI. Pero ¿qué tan relevantes son estas medidas para cambiar prejuicios, lo que predomina en este tema?

C.C.: es importante que en los decretos, políticas y leyes educativas nacionales se aborde el bullying LGBTI. Pero si hay resistencia y no es posible hacerlo a nivel nacional, puede ser entonces a nivel regional o local. Finalmente, en muchos países, las escuelas son instituciones autónomas y la incidencia allí es fundamental.

“Por más autónomas que sean las escuelas, los gobiernos deben estar al tanto de que sus normativas educativas se cumplan”.

También es cierto que muchas escuelas privadas dicen ser confesionales como argumento para oponerse a una educación que aborde la diversidad sexual y de género. Pero esto no puede ser excusa para ir en contra de las normas nacionales o regionales. En algunos países también pasa que el campo educativo se ha convertido en un terreno político liderado por sectores que se oponen a que en las escuelas se hable de igualdad entre hombres y mujeres, orientación sexual e identidad de género.

A: en los testimonios de la encuesta regional de bullying LGBTI se identifica que algunos estudiantes encuentran al menos un docente que los escucha y apoya, pero normalmente es algo oculto porque a muchos profesores les da miedo que alguna directiva o papá les diga que están “promoviendo la homosexualidad”. ¿Cómo fortalecer a los docentes?

C.C.: Es cierto que por miedo muchos profesores evitan escuchar y apoyar a los estudiantes LGBTI, así como promover ambientes de inclusión en sus instituciones educativas. Una manera de apoyar a estos docentes es logrando que su trabajo de inclusión sea respaldado por toda la comunidad educativa. Pero esto es difícil en aquellos colegios donde las directivas están en contra de la diversidad sexual y de género. Lo ideal, en todo caso, es que las instituciones educativas cuenten con un sistema de formación inicial y otro periódico sobre discriminación, prevención y manejo de violencia escolar, dirigido no solamente a profesores sino también a directivas y personal administrativo.

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